Maderas y musgos.
Son materias primas, cuyos extractos son muy apreciados en perfumería: suelen usarse para crear las notas de fondo de una fragancia, porque le dan calidez, fuerza y profundidad. Se emplean maderas de diferentes árboles como el cedro, el roble o el ciprés, entre otros muchos.
También incluyen maderas de canela o sándalo y otras especias. Los musgos son algo más refrescantes, pero igual de persistentes. Se cosechan durante el invierno y la primavera en terrenos templados y en los árboles. En este mismo apartado olfativo se encuentran los aromas a cuero y a tabaco.
Resinas y bálsamos.
Su fragancia se usa para redondear las notas olfativas de fondo de un perfume. Las resinas, las goma-resinas y los bálsamos se extraen habitualmente de los árboles y de los troncos, ya que son exudaciones naturales de determinados vegetales. Cuando un árbol se corta o su corteza se abre, aparece una secreción pegajosa, más o menos transparente, pero con un color muy intenso. Entre las resinas y los bálsamos más codiciados en el mercado de la perfumería se encuentra el benjuí, el Incienso, el gálbano o la mirra. Todos ellos dan calidez y, por ello, tienen un poder relajante. Además, la persistencia de sus notas les convierte en grandes clásicos del sector.
Frutos y cáscaras.
La tendencia de los últimos años acerca los perfumes al mundo de las frutas, con lo que se consiguen fragancias de notas de salida muy alegres y frescas. Sus extractos se consiguen indistintamente de la pulpa de la fruta, del jugo y de las cáscaras, aunque éstas últimas concentran una mayor intensidad o potencia odorífica. Se emplean sobre todo los cítricos, como e limón, la naranja, la mandarina, la lima, la bergamota o el pomelo. Su esencia es muy volátil y da un toque chispeante al conjunto del perfume.
Raíces y rizomas.
Algunas especies vegetales no tienen ningún interés olfativo en sus flores, pero en cambio, de sus raíces o de los rizomas que crecen en sus tallos, se extraen esencias muy apreciadas en el mundo de la perfumería. Las raíces crecen con una humedad y una luz muy distintas a las que tienen las flores. Estas circunstancias ambientales favorecen el desarrollo de notas muy envolventes, a la vez especiadas y refrescantes. Su olor, de hecho, evoca el corazón del bosque. Es habitual que dichos acentos olfativos se utilicen para la elaboración de perfumes masculinos.
De origen animal.
Ciertas materias primas se extraen de los animales. Son básicamente dos: el ámbar y el almizcle (o musk). El ámbar gris es una sustancia segregada por el cachalote y expulsada espontáneamente en el mar. Su peso es menor que el del agua, de manera que flota con las corrientes marinas. El sol y el agua la solidifican. Este componente tiene la virtud de aportar un acento marino al perfume. Por su parte, el almizcle se extrae de una glándula del cabritillo. Tanto el ámbar como el almizcle tienen un gran poder fijador de cualquier estructura perfumística, con lo que dan consistencia. Debido a la dificultad de la recogida, a su rareza y al alto precio de dichas sustancias, se suelen sintetizar en el laboratorio.
Flores, pétalos y yemas.
Dan personalidad a la fragancia. El riguroso proceso de cultivo y su recogida obliga a trabajar con esencias sintéticas para no encarecer el perfume. Son pocos los fabricantes que siguen el proceso tradicional de recolección, que exige cortar la flor antes de que salga el sol para el tarque se marchite con el calor y sin casi presionar sus pétalos porque su esencia es muy volátil. Es un trabajo arduo, como indica el hecho de que para obtener un gramo de aceite perfumado se requiere 1 hora de recolección de flores.
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